A mal tiempo, buena cara
Llevo un largo rato sin saber que escribir. El espacio en blanco en el monitor de la computadora parece estarse preguntando "¿Y bien? ¿A qué hora se ira a decidir este fulano a escribir algo? No puede ser tan difícil presionar algunas teclas aquí y allá, completar algunos enunciados y todo eso." ¿Qué puedo decir? Siento la cabeza muy pesada, y no, no es por el cabello; se ve voluminoso pero pesa casi nada. Lo que pesa son todos esos pequeños y grandes conflictos que no logro resolver.
La verdad, eso ya me tiene harto. Por culpa de eso mi humilde blog cada vez parece más un confesionario cualquiera de un adolescente frustrado. Ya no encuento el ánimo para continuar con esa historia que deje a medias ni entusiasmo para empezar a escribir algunas historias más, y eso me molesta mucho. Me gustaría poder escribir algo positivo, alegre y animado. De esas cosas que al leerlas arrancan una sonrisa y todo eso. Es decir, algo que se hacer es poner buena cara ante la adversidad...
Para muestra un botón, bueno, una anecdota. Así es, acerquense a la fogata que es hora de una de las Boscoaventuras™

Fogata oficial de las Boscoaventuras™
Hace algunos meses, yo estaba en uno de esos momentos en los que me sentía realmente deprimido, y para colmo de males estaba muy retrasado con un trabajo de la escuela. Faltaban muy pocos días para entregar dicho trabajo y yo apenas estaba empezándolo. Tenía muchas cosas por investigar así que me fui a la biblioteca de la escuela a buscar los libros que necesitaba revisar.
Al llegar allí, como siempre, me dispuse a realizar el ritual de dejar mi mochila en la entrada de la biblioteca. Por la prisa que llevaba, casi tiro mi mochila al piso al momento de quitármela. Afortunadamente, mis ágiles reflejos y años de experiencia en el arte de cargar mochilas impidieron que mis cosas besaran el frio suelo y yo pasara una pequeña vergüenza.

Aunque no se distinga, al fondo está la biblioteca de mi escuela.
Ya con todo bajo control, le entregué mis cosas al encargado del guardarropa de la biblioteca.
"¿Cómo le haces?", me preguntó el señor al entregarme la ficha con la cual recuperaría mis cosas.
Pensando que me preguntaba por mi despliegue de destreza, pensé en qué contestar, pero el señor continuó preguntando antes de que pudiera decir algo.
"¿Cómo le haces para trener siempre una sonrisa en la cara?"
Me quedé frío.
"Yo no puedo hacerlo," continuó, "debe ser mi forma de ser, o mi edad, pero no logró estar sonriendo. No sé cómo le haces tú, siempre con esa sonrisa."
"No sé," fue lo único que le pude contestar.
Le sonreí y entré a la biblioteca, pero sólo hasta ese momento me di cuenta de que eso es exactamente lo que siempre hago al entrar a la biblioteca. Le entrego mis cosas al señor, me da la ficha, yo le sonrío y me meto a hacer mis cosas. Siempre, a pesar de cómo me sienta.

¡Sonrie!
Y allí tambien me hice consciente de lo mucho que sonrío, por alguna razón jamás lo había notado. Uso mi sonrisa para todo, incluso cuando me dicen algo malo, mi primera reacción es siempre sonreir. Es más, una de las cosas con las que comienzo mucho plática con mis amigas es decirles "¡Eh, sonríe! ¿Porque tan desanimada?" (sí, son un poquito gruñonas casi todas.) Ya pensandolo bien, uno de mis amigos siempre que lo fastidio de más me dice "Voy a borrarte esa pinche sonrisa de la cara"
Así que, ¿Qué hacer? Por lo menos ya logré escribir algo. Oh bueno, creo que seguiré sonriendo, quizás eso no me solucione nada ni me haga sentir mucho mejor, pero por lo menos esta por allí la pequeña oportunidad de que a alguién le anime el día ver a alguien sonriente. Eh, nada pierdo con intentarlo.















