viernes 22 de septiembre de 2006

A mal tiempo, buena cara

Llevo un largo rato sin saber que escribir. El espacio en blanco en el monitor de la computadora parece estarse preguntando "¿Y bien? ¿A qué hora se ira a decidir este fulano a escribir algo? No puede ser tan difícil presionar algunas teclas aquí y allá, completar algunos enunciados y todo eso." ¿Qué puedo decir? Siento la cabeza muy pesada, y no, no es por el cabello; se ve voluminoso pero pesa casi nada. Lo que pesa son todos esos pequeños y grandes conflictos que no logro resolver.

La verdad, eso ya me tiene harto. Por culpa de eso mi humilde blog cada vez parece más un confesionario cualquiera de un adolescente frustrado. Ya no encuento el ánimo para continuar con esa historia que deje a medias ni entusiasmo para empezar a escribir algunas historias más, y eso me molesta mucho. Me gustaría poder escribir algo positivo, alegre y animado. De esas cosas que al leerlas arrancan una sonrisa y todo eso. Es decir, algo que se hacer es poner buena cara ante la adversidad...

Para muestra un botón, bueno, una anecdota. Así es, acerquense a la fogata que es hora de una de las Boscoaventuras™

Fogata
Fogata oficial de las Boscoaventuras™

Hace algunos meses, yo estaba en uno de esos momentos en los que me sentía realmente deprimido, y para colmo de males estaba muy retrasado con un trabajo de la escuela. Faltaban muy pocos días para entregar dicho trabajo y yo apenas estaba empezándolo. Tenía muchas cosas por investigar así que me fui a la biblioteca de la escuela a buscar los libros que necesitaba revisar.

Al llegar allí, como siempre, me dispuse a realizar el ritual de dejar mi mochila en la entrada de la biblioteca. Por la prisa que llevaba, casi tiro mi mochila al piso al momento de quitármela. Afortunadamente, mis ágiles reflejos y años de experiencia en el arte de cargar mochilas impidieron que mis cosas besaran el frio suelo y yo pasara una pequeña vergüenza.
Biblioteca
Aunque no se distinga, al fondo está la biblioteca de mi escuela.


Ya con todo bajo control, le entregué mis cosas al encargado del guardarropa de la biblioteca.
"¿Cómo le haces?", me preguntó el señor al entregarme la ficha con la cual recuperaría mis cosas.
Pensando que me preguntaba por mi despliegue de destreza, pensé en qué contestar, pero el señor continuó preguntando antes de que pudiera decir algo.
"¿Cómo le haces para trener siempre una sonrisa en la cara?"
Me quedé frío.
"Yo no puedo hacerlo," continuó, "debe ser mi forma de ser, o mi edad, pero no logró estar sonriendo. No sé cómo le haces tú, siempre con esa sonrisa."
"No sé," fue lo único que le pude contestar.
Le sonreí y entré a la biblioteca, pero sólo hasta ese momento me di cuenta de que eso es exactamente lo que siempre hago al entrar a la biblioteca. Le entrego mis cosas al señor, me da la ficha, yo le sonrío y me meto a hacer mis cosas. Siempre, a pesar de cómo me sienta.
Sonrisa
¡Sonrie!

Y allí tambien me hice consciente de lo mucho que sonrío, por alguna razón jamás lo había notado. Uso mi sonrisa para todo, incluso cuando me dicen algo malo, mi primera reacción es siempre sonreir. Es más, una de las cosas con las que comienzo mucho plática con mis amigas es decirles "¡Eh, sonríe! ¿Porque tan desanimada?" (sí, son un poquito gruñonas casi todas.) Ya pensandolo bien, uno de mis amigos siempre que lo fastidio de más me dice "Voy a borrarte esa pinche sonrisa de la cara"

Así que, ¿Qué hacer? Por lo menos ya logré escribir algo. Oh bueno, creo que seguiré sonriendo, quizás eso no me solucione nada ni me haga sentir mucho mejor, pero por lo menos esta por allí la pequeña oportunidad de que a alguién le anime el día ver a alguien sonriente. Eh, nada pierdo con intentarlo.


Escuchando...
Paragliders - Change Me

domingo 17 de septiembre de 2006

De fiesta

Hace un buen tiempo Abraham propuso algo.
"Hay que ir un día de estos a La Taberna. Así nada más por pasarla entre nosotros."
Yo accedí inmediatamente. ¿Por qué no? Podría ser divertido y pasar un rato agradable con los amigos nunca está de más, además pensé que sería bueno para eso de socializar que muchos opinan que me hace falta hacer. Sin embargo, en esa ocasión la idea no pasó a más en cuanto otro amigo de la escuela nos regaló una poco entusiasta respuesta.
"No buey, ¿A qué vamos?"
Ni modo.

Shrek
"No buey, ¿A qué vamos?"

Posteriormente Abraham extendió la misma invitación en varias ocasiones obteniendo mayor grado de aceptación a la idea pero sin que se concretara ningun plan en serio de ir los de nuestro grupo en la escuela. Todo mundo decía que sí iba, pero no decia cuando. Eso sí, la inquietud de ir a la célebre Taberna todos juntos se mantenía.
Finalmente, con motivo de que ya nos cayó el veinte de que es el último año que vamos a estar todos juntos y empujados por lo que estamos aprendiendo en la clase de Sociopsicología de la Intervención en Grupos nos decidimos a ir todo el grupo a dicho local.
Claro, tambien aprovechamos que no iba a haber clases el día 15 por aquello del grito y todo eso, porque el meollo del asunto era ir un jueves ya que es día de 'No Cover. Cerveza al 2 por 1' en La Taberna.
***

Llegó el día y se cumplió la advertencia.
"Te aseguro que no va ir ni la mitad de los que dijeron."
Abraham y yo llegamos primero que nadie. Como Abraham era la mente maestra detrás del plan, tuvo que estar allí para cuidar que nos respetaran la reservación. Yo llegué junto con él porqué el me ofreció a quedarme en su casa porque regresarme a la mía a esas horas de la noche es un poco complicado y caro por lo lejos que está.
Llegaron después, casi al mismo tiempo, Alma (mi super amiga) y un grupito de tres de mis compañeras, entre las cuales figuraba Lupita (sí, La Lupita)
Esto promete ponerse interesante, ¿verdad?
Morelia de Noche
Cerca de aquí esta el lugar al que fuimos.

Pues no.
Me aburrí como una ostra. Y no porque el lugar fuera aburrido, para nada. La gente estaba toda muy prendida bailando y coreando al grupo que estaba tocando el vivo. Abraham y una compañera de mi grupo se subieron a bailar a las mesas. El gordito de la mesa de al lado se veía que traía la fiesta en la sangre y después llegó otro compañero de la escuela acompañado por una flotilla de amigos suyos. En fin, todos se la pasaron de maravilla. Menos yo y Alma.

¿Por que? Me apoyaré en una lista con viñetas para ilustrar esto:
  • Soy introvertido. No tengo problemas para comportarme como si fuera extrovertido (hablar en público es de lo que más me gusta hacer), pero la verdad es que las situaciones sociales lejos de animarme, me cansan mucho.
  • Estaba desvelado. Gracias a dios la iluminación disimulaba mucho mis ojos, que estaban completamente rojos.
  • La música no era de mi gusto. Canciones en español: Las odio.
  • La gente a la que le gusta la música en español. Coreando las letras, emocionandose y creyendo que es posible bailar con canciones que no tienen buen ritmo para eso. Ah, como deseaba matarlos a todod y a cada uno de ellos.
  • No bebo. Por cuestiones religiosas y por decisión personal no puebo ni una gota de alcohol.
  • Estaba Lupita. Sí, es incomodo saber que ella fue nada más porque su galan iba a ir.
Socialmente soy aburridisimo y muy pesado, lo sé.
Catedral de Morelia
A pesar de todo, me encanta Morelia de noche.

Al final termine por irme más temprano de que tenía planeado.
Jessy, una compañera, nos dió un aventón a Alma y a mí. A decir verdad, ella salió del lugar únicamente para llevarnos, a Alma a su casa y a mí a un lugar que me quedara más cerca de mi casa.
"Es que la verdad me da un poco de miedo ir por donde tu vives, Juan."
Comprensible, además con las lluvias se pone muy feo el camino.

Llegamos a la casa de Alma y preferí acompañar a Jessy de regreso al local, tenía algunas cervezas encima y pensé que quizás no sería muy buena idea que anduviera así sola por la ciudad. Y se había tomado la molestia de interrumpir su diversión por andar trasportandonos, es lo menos que se puede hacer, digo.
En el trayecto al local platicamos mucho. Principalmente cosas del amor y todo eso que salé tan bien cuando en la radio se empeñan en tocar canciones de esas que son muy llegadoras.
Y eso fue lo que más disfruté de esa noche.

Al final, después de tomar un Taxi me tocó caminar hasta mi casa un buen tramo de camino y tener que tocar la puerta de mi casa porque no llevé llave y ellos se habían quedado con la idea de que me iba a quedar en la casa de Abraham.
Estar en el frío en la madrugada con la compañia de tu perro de verdad que te ayuda a pensar.
***

Al día siguiente, celebramos el cumpleaños de mi pá en el local de un paisano de él. ¡70 años! Bebimos té de Nurite, comimos Uchepos y la platica fue padrisima. Fueron horas que se me fueron como si nada.
Zacán
Zacán, la tierra natal de mi pá.

A pesar de que no supimos jamás como se llamaba la esposa del paisano de mi pá a todos nos cayó de maravilla la señora, una dama muy agradable en serio.
No ví la celebración del grito, pero pasarla con mi pá es mucho más importante. No escribo tanto de esto porque fue la típica plática de gente ya un poco mayor. Mucho hablar de todo lo que han vivido, de como ven la vida hoy y cosas así.

Eh, y ahí sí que me la pasé muy bien.


Escuchando...
Daniel Bedingfield - Gotta Get Thru This

miércoles 6 de septiembre de 2006

Tierra de nadie

Estos últimos días me las he pasado metido en la escuela. Llego temprano y paso poco más de 10 horas metido allí saliendo únicamente a comer algo al local que se encuentra a espaldas de mi ella.

Oh, si tan solo invirtiera todo ese tiempo en estudiar.

La verdad es que sólo estoy asistiendo a una clase que dura dos horas (Sociopsicología de la Intervención en Grupos.) La otra clase no podría contarla como tal. La profesora ya empezó a dar asesorías individuales y tienes que esperar tu turno por lo que ir los días que no te toca no tiene caso.

Así que todo el tiempo que paso en la escuela lo ocupo en estar vagando por allí con mis camigos checando a las chavas de los turnos intermedio y vespertino además de a las "nuevas adquisiciones" de primer semestre de esos turnos. Por supuesto, tambien mis amigos se dan el tiempo de jugar rayuela y yo puedo asaltar los garrafones de agua que hay en los pasillos bebiendo cuanto me es posible. Hay que desquitar lo que pago de colegiatura.

El día de ayer nos habían dicho que el equipo de uno de nuestros compañeros de clase iba a jugar un partido de futbol rápido en la escuela contra unos chavos de la ENEF en la tarde. Verlo jugar es algo que tratamos de no perdernos, casi siempre que juega hay bronca por alguna razón. En lo que llegaba la hora del partido nos tocó estar en la escuela para disfrutar de una tormenta y mojarnos por sentir que "Si alcazamos a pasar, no esta tan profundo". Rayos, truenos, chavas que gritaban con los truenos, granizo, calles y jardines inundados, charcos en los pasillos, gente resbalandose en los charcos, viento. Todo el paquete.

A pesar de todo, la lluvia terminó justo a tiempo para que el partido se llevara a cabo. Había unos pequeños charcos en la cancha pero eso no iba a detener a nadie, no pudieron trapear los salones, pero eso sí, la cancha ya estaba lista para el partido. Ni siquiera los iba a detener que no había llegado el arbitro. "Esto se va a poner bueno," pensé en cuanto vi que el equipo de mi compañero estaba plagado de las estrellitas del balompie del IMCED reforzados por algunos de los más temibles (por puercos) defensas que han jugado en las canchas de mi escuela. Sin arbitro que los expulsara prometía que veriamos, por lo menos, mucho roce en el juego.

Arrancó el partido. Los locales se pusieron arriba en el marcador con una anotación afortunada de una de las estrellas del IMCED. El equipo se veía confiado, animado, lleno de seguridad en su victoria. Se veían en sus ojos. Este partido sí lo iban a ganar. Que pena que casi inmediatamente los empataron, y antes de terminar el primer cuarto, ya iban perdiendo 3 a 1. Los chavos de mi escuela ni las manitas pusieron.

La frustración empezaba a hacer acto de presencia. Los jugadores de la ENEF pasaban a través de la defensa del IMCED como un cuchillo caliente a través de mantequilla (uy si, la analogia) y el ataque de los locales se veía detenido por un juego defensivo organizado y bien planeado.

Los golpes propios del fútbol comenzaron a intensificarse. Al no haber quien marcara faltas menores sólo se marcaban aquellas muy flagrantes y obvias. El colmillo salió a relucir y las pataditas, codazos, empujones y otras mañas fluyeron con abundancia. El partido se calentaba poco a poco. La porra, que consistia de mis amigos y yo, comenzó a picar a los jugadores con eso comentarios que todos saben que encienden los animos. Una patada al muslo aquí y una zancadillas durisimas allá seguidas de muchos reclamos con el típico empujon de "¿Qué traes güey?" y todo estaba listo para que en cualquier momento se soltaran los golpes.

Y así fue. Bastó con un codazo a la cara de una de las estrellas locales para que ambos equipos se lanzaran con mucho entusiasmo a los golpes, patadas y lo que se pudiera. La porra estaba muy animada tambien, las novia uno de los jugadores no dejaba de alegar que "¡No manches, cómo le diste un codazo!" Mi compañero de porra gritaba que "¡No te pases de verga güey!" Yo, por mi parte, no sabía si fingir que estaba preocupado o seguir disfrutando del pleito desde mi lugar en primera fila. La cancha ya era tierra de nadie y volaban las patadas y los puñetazos que no siempre daban en el blanco.

Al poco rato llegaron algunos profesores de la escuela a intervenir y se calmó todo. El partido se suspendió y no siquiera se llegó al descando que hay entre el segundo y tercer cuarto. Los chavos de la ENEF se fueron y los del IMCED se reunieron por allí a comentar entre risas de lo padre que estuvo todo.

No hubo mucha calidad en el partido, pero eso sí, qué espectáculo. No faltaré al próximo juego. Por nada del mundo.





Escuchando...
Leftfield - Open Up